Paisaje y Desarrollo
Muchas veces
hemos oído la denominación “pueblos indígenas” o “pueblos originarios” para
referirnos a los pueblos que estaban en distintos territorios antes de la
llegada de la “civilización”, que casi arrasó con sus costumbres, su territorio
e incluso con su supervivencia física, pero que aún conservan una identidad propia.
Hasta no hace
mucho, e incluso en la actualidad para algunas personas, denominación usada en
un sentido peyorativo o, como mínimo, desde un pedestal de superioridad de un
mundo, el nuestro, mal llamado “desarrollado”.
Pero… ¿qué desarrollo importa? ¿desde qué
punto de vista? ¿tecnológico, personal, comunitario, ambiental…? ¿Cuál es el
grado de relación que hay entre el desarrollo de las personas y los
ecosistemas? Y ¿cómo viven esta relación las comunidades originarias?
Actualmente, hay
alrededor de 370 millones de indígenas en más de 90 países, constituyendo el 5
% de la población mundial. Muchos viven en América Latina, como en la zona
andina, en la que convergen etnias que se distribuyen entre Colombia, Ecuador, Perú,
Bolivia, Argentina y Chile, como los quechuas, aimaras, mapuches. También en
Guatemala y México representan un porcentaje elevado de la población, siendo los
mayas, zapotecos y mixtecos muy numerosos.
En América del Norte quedan algunos
pueblos nativos (apaches, cheroquis, navajos…). Muchos más se ubican en Asia (beduinos,
apatanis, cachemires, cantoneses, etc.) y en África (bosquimanos, tuaregs,
masais…). En Australia y Nueva Zelanda aún permanecen algunas comunidades como
los maoríes, kooris, anangus...).
Viajando a la Quebrada de Humahuaca…

Molle y sauce llorón |
Dentro de la
extensa Quebrada, nos detendremos en el Departamento de Tilcara, su centro
neurálgico, y en la población que lleva su nombre. En ella encontramos sauces,
molles (de la familia del lentisco), álamos y churquis (especie de acacias). Y, sobre todo, unos impresionantes cactus, los “cardones”, que pueden alcanzar ¡más
de 15 metros de altura! y que caracterizan el paisaje, dándole su seña de
identidad y siendo un gran atractivo para visitantes.
Cooperativa CAUQUEVA |
Muchas familias forman
parte de cooperativas para comercializar sus productos, como la CooperativaCauqueva, radicada en Maimará, a pocos kilómetros de Tilcara, que ha recuperado muchos cultivos andinos y les ha dado salida más allá de la Quebrada. Mediante un
trabajo de producción comunitaria (“mingas”) se cultiva choclo (maíz), papas
(patatas), porotos (judías), trigo, quínoa, así como zapallo (especie de calabacín),
cayote (calabaza de cabello de ángel), alfalfa, cítricos y frutales, son la
base de esta agricultura.
Cardón |
El cardón (Trichocereus pasacana), no
sólo es atracción turística, sino un gran protagonista en la vida cotidiana, ya
que las comunidades rurales usan sus frutos como alimento energético, así como
su mucílago como protector gástrico, analgésico y para la acidez estomacal. Con
su madera fabrican mesas, sillas y objetos para el hogar y en la construcción
de sus casas. Socialmente tiene un papel lúdico en juegos infantiles como el
juego del corro y el del escondite. Incluso en la agricultura lo usan como
espantapájaros.
Otras plantas de
la zona las utilizan por sus propiedades
medicinales. Así, la chachacoma (Senecio eriophyton) es útil para el mal de
altura; la rica-rica (Alcantholippia desertícola) para el dolor de estómago,
diarrea, tos y resfriados; la muña-muña (Satureja parviflora) para la
indigestión, dolor de estómago y como afrodisíaca. También forman parte de su “farmacia
natural” otros “yuyos” como la manzanilla, la malva o el romero.
Cooperativa Flor del Cardón |
Asimismo, les
dan uso a las hojas del molle, del álamo, a la remolacha y al repollo para teñir los tejidos hechos de lana de
oveja y llama que, en forma de tapices, jerseys, bufandas, etc., venderán en el
IDI (Instituto de Desarrollo Indígena), creado expresamente para las artesanas
locales, como es el caso de las mujeres de la Cooperativa Flor del Cardón.
Igualmente, la
tierra en la que viven es un espacio en el que practican sus creencias y ritos, como el culto a la
Pachamama (Madre Tierra). Este culto no se concibe si no es en comunidad, en
contacto directo con la tierra y con los frutos que de ella se obtienen. Dar y
recibir. Agradecer y pedir.
Está claro que
para las comunidades indígenas es fundamental el territorio con sus árboles y
plantas, el agua y los espacios naturales como medios para practicar su cosmovisión.
¿Qué ocurre con estos medios que necesitan para su desarrollo?
Por un lado, el agua es un recurso que escasea en la Quebrada debido a las bajas
lluvias que nutren el río Grande, del que se obtiene fundamentalmente el agua.
Por otro lado, las comunidades indígenas (en cualquier parte del mundo) tienen
problemas con la titularidad de las
tierras, ya que no tienen documentos. Al no considerar el concepto de
propiedad de las sociedades occidentales, para ellos, la tierra pertenece a
quien vive en ella y es comunal. Esta cosmovisión y la consiguiente falta de títulos de
propiedad les hace vulnerables ante las demandas de los gobiernos para proyectos
estatales o de multinacionales, resultando muchas veces en desalojos que
cambian completamente su modo de vida, ya que, con la pérdida de las tierras,
se les priva de la capacidad de obtener ingresos de su cultivo, de recuperar la
salud con las plantas medicinales o de practicar sus creencias en el entorno de
sus antepasados, entro otros usos.
Esto sucedió en el proceso de Declaración de Patrimonio por la UNESCO, que tuvo lugar en la provincia de Jujuy (Argentina), concretamente en una zona que agrupa varios Departamentos y que es la Quebrada de Humahuaca.
Los resultados fueron muy perjudiciales para la forma de vida de los Pueblos Originarios, ya que se trataba de una actuación sobre el territorio, con enfoque de turismo convencional, afectando al uso ancestral de las tierras comunales.
No es la primera ni la última vez que comunidades indígenas son desplazadas de su territorio o privadas de los beneficios de la Naturaleza. Y esto nos afecta a tod@s porque no debemos olvidar que su modo de vida es garante de la conservación de los ecosistemas y, por lo tanto, de los servicios ecosistémicos que tanto nos benefician, a diferencia de nuestro mundo "desarrollado" capitalista y urbanita, que normalmente los degrada.