Conocer, valorar, querer y cuidar…
La Naturaleza me rodea y el pensamiento me
conduce a cómo las plantas nos proporcionan bienestar y eso afecta a nuestra
disponibilidad de ampliar expectativas, de llevar a cabo proyectos, nos da
fuerza, empuje.
Miro un pino, un lentisco, un labiérnago,
mis ojos se mueven escudriñando todo cuanto me rodea y pienso que soy una
privilegiada por tener al alcance estos momentos de conexión con el paisaje.
¿Cómo puedo vivir inmersa en él y no dar un
paso adelante? Me está llamando. Está invitándome a que lo muestre al exterior,
a que difunda su belleza que nos tranquiliza, sus funciones que permiten que
este planeta exista, sus propiedades que nos benefician, su materia que nos
facilita la vida. Como no podría ser de otra manera, sucumbo ante este
ofrecimiento y empiezo la aventura…
Este puede haber
sido el punto de partida de muchas iniciativas que buscan acercar el mundo de
las plantas a una sociedad que hemos conformado en el olvido de que dependemos
de ellas…totalmente. Una forma de llevarlas a la consciencia y ponerlas en el
lugar que les corresponde. Conocerlas,
valorarlas, quererlas y cuidarlas. Al final, también para cuidarnos
nosotr@s, individualmente, como sociedad y como especie.
Y como
componente imprescindible de esta tétrada, valorarlas
implica reconocer cada una de sus “utilidades”, viendo cómo afectan a nuestra
salud, cómo forman parte de nuestra alimentación, cultura, ocio, economía, cómo
nos aportan bienestar. En resumen, cómo son motores de nuestro desarrollo.
Pero el
“desarrollo” no es un lugar común, que homogeneiza a toda la humanidad. El
desarrollo es diferente, específico de cada sociedad, cada época, cada
comunidad, grupo y persona. Por ello las plantas ocupan un espacio particular y
tienen un papel diferente en cada espacio o tiempo.
Entre la supervivencia y el progreso
Sus primeros
usos estuvieron exclusivamente ligados a la supervivencia, como alimentos que
permitían que el cuerpo cumpliera todas sus funciones vitales y la especie
humana pudiera reproducirse y perdurar.
En distintas épocas posteriores (también
actualmente) ha habido hambrunas debidas a plagas, sequías o guerras y las
plantas han cumplido ese papel básico de supervivencia. Pero también en esos
siglos de penurias fueron medios de conseguir una salud mejor en base a una
alimentación más completa, eso sí, para las clases sociales mejor posicionadas.
Más recientemente, los vegetales han pasado a
ser protagonistas de la creatividad humana en el aspecto culinario, hablo de la
nueva cocina, en la que el colorido de los distintos vegetales juega un papel
fundamental a la hora de invitar al consumo. La comida entra por los ojos,
nunca mejor dicho.

Tampoco hay que
olvidar que igualmente es básico para nuestra especie y la del resto de
animales
, la función estructural y de regulación de las plantas. Ellas
conforman el suelo con sus raíces, purifican el aire y las aguas.
Son el eslabón inicial de la
cadena de la vida, el pilar en la que ésta se sustenta. Sin este papel básico
no tenemos ningún tipo de desarrollo.
Más diversidad, más tiempo, más opciones de
desarrollo
Si pensamos en las
plantas como remedios para nuestra salud, los primeros humanos las usaron directamente
para curar heridas que sin tratar conducirían a una muerte segura. Un abismo
entre esto y la actual industria farmacéutica que sigue basándose, en parte, en
las plantas para sus preparados y a la que acompaña una cada vez mayor demanda
de medicinas naturales. Buena muestra de ello es la extensión de herboristerías
en las que tanto se venden hierbas medicinales como preparados de fitoterapia.
 |
"Insam (ginseng)", por National Institute of Korean Language, 2016, bajo licencia CC BY SA |
La
fitoterapia y
el uso de las plantas, en general, es universal, aunque no en todas partes se
usan las mismas plantas ni desde el mismo punto de vista de desarrollo. Si en
India la medicina tradicional, el
Ayurveda, considera la moringa (Moringa sp.)
como “hierba mágica” o “árbol milagroso”
y se le atribuyen propiedades antitumorales, antiinflamatorias,
antibacterianas, antiácidas, relajantes antifúngicas, hipocolesterolemiantes,
etc. , en China es el ginseng (Panax sp.) la planta milagrosa que sirve para la
diabetes, la tos, la disnea, los trastornos digestivos o la anemia, entre
muchas otras patologías.
Sin embargo, a
pesar de los avances de la tecnología farmacéutica y el consiguiente uso de la
fitoterapia en forma de fármacos en los países industrializados, en los países
en desarrollo el 80% de la población depende de la medicina tradicional.
En estas sociedades alejadas de los modos de
vida occidentales, ligadas al territorio, se usan las plantas medicinales sin
estos procesos industriales y se contemplan desde un punto de vista diferente,
más holístico, más integrado con sus vidas.
Así, actualmente, hay muchas comunidades
indígenas de América Latina y poblaciones rurales de India que tienen en las
plantas de su entorno la fuente de su salud física y espiritual (también de su
economía y bienestar), ya que usan las plantas como alimentos, en su medicina
tradicional, para rituales religiosos (y para obtener ingresos). Su desarrollo
va ligado indefectiblemente al reino vegetal.
En cualquier
caso, este progreso en el cuidado de la salud ha conducido a un aumento de la
esperanza de vida, lo que en sí mismo constituye una ampliación de las
posibilidades de desarrollo humano: a mayor tiempo de vida, más posibilidades
de desarrollarnos como personas. Plantas que nos permiten tener más
oportunidades de funcionamientos…
Compartiendo intereses y objetivos...
Las plantas. Lugar
común de gentes diferentes, de distintos lugares, edades, profesiones. Pero con
un interés común: ellas.
Interés común y objetivos diversos, hasta
dispares. Bien sea para difundirlas, para observarlas, para estudiarlas, para reclamar
sus “derechos”, para fotografiarlas, para curar con ellas, para cultivarlas, para
degustarlas…o para cualquier otra finalidad, las plantas promueven sin saberlo
la creación de espacios de socialización. Presenciales o virtuales. Lucrativos
o filantrópicos (la mayoría). Formales e informales.
Asociaciones
botánicas, excursionistas, ecologistas, de fotografía, de fitoterapia, de jardinería,
gastronómicas, vegetarianas, foros botánicos en la red… constituyen medios que
aumentan nuestra capacidad de participación social, aparte de nuestra
formación, economía y bienestar.
Además del tema
al que cada asociación se dedica y que es el eje de su actividad, brindan oportunidades
de relación interpersonal, intergeneracional, fundamentalmente los espacios
físicos, enriqueciendo a las personas que participan en ellos y promoviendo las
relaciones humanas.
Las “plantas del dinero”
Hay una planta originaria
de África, la “planta del dinero” que se llama así porque se dice que quien la
tiene atrae dinero a su casa. Sea mito o realidad, lo que sí es cierto es que
hay muchas plantas cuyo cultivo constituye un sector económico muy importante,
verdaderas plantas del dinero.
Las plantas, con el nacimiento de la
agricultura en el Neolítico, pasando por el esclavismo y el feudalismo y
llegando al liberalismo y la propiedad privada industrial y familiar, así como
integrando el cooperativismo, han sido
fuente de ingresos de las sociedades
rurales.
Estas ganancias
han permitido, en mayor o menor medida, el desarrollo en todos los aspectos de
la vida, ya sea en el plano personal, individual, como de las comunidades, tal
es el caso de las cooperativas, en las que el enfoque y el objetivo colectivos
conllevan un desarrollo comunitario, global, equitativo.

Bien sea en el sector maderero, la industria
del mueble, la industria papelera, de la alimentación, de las plantas
medicinales, de jardinería, o bien de sus correspondientes y numerosos tipos de
comercios y distribuidores, la cantidad de personas cuyos ingresos derivan directamente
de las plantas es enorme. Por no hablar de la economía indirecta a través de la
formación o el turismo rural. Está claro que las plantas del dinero no son un
mito…
 |
"La historia de Nastagio degli Onesti, primer episodio", Boticelli |
Las plantas
también han sido inspiración para el desarrollo de la creatividad humana en la
pintura, escultura, música, etc. Es imposible olvidar las
imágenes de los
paisajes impresionistas de Renoir y, sobre todo, de Monet. Con sus pinceladas
marcadas y reflejando todo el colorido de las plantas. O la sobriedad y lírica renacentista
de las pinturas mitológicas y religiosas de Boticelli, llenas de árboles,
flores y frutos. O el expresionismo de Matisse, con la recurrente presencia en
sus pinturas de jarrones de flores y frutas.
El arte urbano,
bien representado por el
graffiti, también ha asumido el mundo vegetal como
parte de su expresión. Podemos encontrar innumerables obras al respecto, como
las realizadas por
Ouizi, que se ha especializado en esta temática. Una opción innovadora
es el Moss Art, graffiti ecológico o
graffiti verde, en el que en lugar de
pinturas se usa musgo vivo.
Más creativo aún es el
bodypainting, un arte que
utiliza el cuerpo como lienzo para cubrirlo de toda una serie de trazos y
formas multicolores, entre ellas motivos vegetales. Muy cerca tenemos una
representación de este nuevo arte,
Helena Estela Baeza.
También en la
arquitectura, especialmente en columnas, se muestran especies vegetales, como
flores de loto o palmeras en el antiguo Egipto, pasando por el acanto en los
capiteles corintios de la Grecia clásica, hasta las cubiertas vegetales de la
nueva arquitectura sostenible.
 |
"Pino milagroso", por Jacob Ehnmark, 2011, Creative Commons bajo licencia CC BY 2.0 |
Igualmente, la
escultura ha reflejado en
innumerables ocasiones el mundo vegetal como acompañante de estatuas humanas y
recipientes y vasijas. Recientemente, en 2013, se realizó una obra muy especial
que impacta por su tamaño y, sobre todo, por lo que representa. Es un homenaje
al único árbol entre 70.000 que quedó en pie tras el tsunami de 2011, cuando ocurrió el accidente nuclear
de Fukushima, y que terminó muriendo también.
Una escultura réplica del original de unos 25 metros de altura recuerda ahora al
“pino milagroso”…
La música…el
Vals de las Flores, de la obra “El Cascanueces”, de Tchaikovsky. Sin olvidar
las obras modernas dedicadas al mundo de las plantas (“la vida secreta de las
plantas”) y canciones que nombran flores (gardenias, rosas, violetas, claveles,
orquídeas…).
No se queda atrás el cine, como en el “El
olivo” (Bollaín), basada en la estrecha relación entre un hombre y un olivo
milenario, o “Avatar” (Cameron), donde las plantas, inventadas, eso sí,
desfilan por toda la película y donde un gran árbol y el pueblo forman un solo
cuerpo espiritual.
La
literatura, muchas veces unida al cine (“La invasión de los ultracuerpos”, Finney
/ Kaufman), incorpora el mundo vegetal con naturalidad, como en la vida misma.
Un ejemplo entre muchos es el caso de Cervantes, de cuya obra se hizo en 2016
una recopilación de las referencias a plantas y productos vegetales (
“El mundo vegetal en la obra de Cervantes”, Ramón Morales Valverde). Pero es la
literatura infantil la que mayor cantidad tiene de cuentos con las plantas como
protagonistas absolutas (“Jack y las habichuelas mágicas”, anónimo), además de que el
paisaje vegetal casi siempre forma parte de ellos.
Toda esta vasta y
diversa colección de arte inspirado en el mundo vegetal nos da la oportunidad de cultivarnos, de conocer, de experimentar
sensaciones, recuerdos, de abrir la mente, ampliar nuestra perspectiva y nuestro
desarrollo y lograr bienestar.
Ya en el Neolítico las plantas jugaban un papel importante como objetos de uso cotidiano de las personas. Una muestra es el
"ajuar de esparto" de la Cueva de los Murciélagos (Córdoba), conjunto de objetos de esparto, fundamentalmente cestos y sandalias, hallados junto a un grupo de más de 60 humanos momificados, algunos de los cuales vestían túnicas y gorros también de esparto. Igualmente se encontraron semillas de adormidera, de colleja y grano de un cereal sin determinar.
También en la actualidad hay pueblos cuya forma de vida se construye alrededor de una planta, como es el caso de los Uros, en el lago Titicaca (Perú, Bolivia). Este pueblo utiliza la totora para hacer la superficie de las islas flotantes en las que viven, construir sus barcos, sus casas y hasta como alimento.
Si pensamos en
la diversidad y cantidad de
fiestas, muchas de ellas religiosas con sus
respectivos
ritos, que tienen lugar a lo largo del planeta, nos daremos
perfecta cuenta de la implicación de las plantas en la conservación de la
cultura, de las costumbres. Y esto es así porque rara es la celebración en la
que no se usen las plantas de una forma u otra, de manera simbólica muchas
veces.
 |
"Domingo de Ramos, Cofradía de la Entrada", por fernand0, 2007, Creative Commons bajo licencia CC BY SA 2.0 |
Bien porque son
instrumentos directos de un rito (las palmas de Semana Santa en la religión
cristiana), bien por la construcción cultural que se hace del paisaje vegetal,
las plantas (o el uso contemplativo o activo que se hace de ellas), forman
parte de la identidad de los pueblos y su conservación permite la capacidad de
practicar y preservar la cultura. Igualmente ocurre con las tradiciones
gastronómicas ligadas a la producción local y que se van transmitiendo de
generación en generación. La
rueda del desarrollo se va ampliando...
Distintas visiones, distintos ritmos
Como decía al
principio, la búsqueda del desarrollo es diferente para los distintos pueblos,
lleva distintos ritmos y se enfoca desde distintos puntos de vista. Con ello,
la influencia de las plantas en las capacidades humanas se da de forma
diferente.
Por ejemplo, en China la relación con las plantas para conservar la
salud se basa en la búsqueda del
equilibrio interno de los opuestos, el ying y
el yang. En India, las plantas medicinales se usan para llegar a un equilibrio
entre la persona y las influencias externas, de forma que le devuelvan la
armonía con dios. El hinduismo impregna toda la vida y con su sistema de castas
inamovibles las opciones de desarrollo se ven muy limitadas.
En la
cosmovisión de las comunidades indígenas, el desarrollo ocurre en el marco de una
relación de comunión, identificación y respeto con el territorio, donde las
plantas se usan de forma sostenible para no alterar el equilibrio.
Mientras que la
cosmovisión occidental separa lo espiritual de lo material, la Naturaleza de la
persona, focalizándose hasta ahora en el desarrollo económico, un desarrollo
material, ligado a los estándares de bienestar y consumo de la sociedad
capitalista, y contempla el desarrollo en compartimentos estancos, sin tener en
cuenta las interacciones entre las distintas capacidades humanas. Así, utiliza los recursos vegetales de forma
antropocéntrica para su desarrollo económico, obviando los posibles
perjuicios que ocasiona en los ecosistemas, incluidas las consecuencias para la
salud debido a las acciones contaminantes de sus intervenciones.
¿Y los gobiernos?
No es posible
aislar el uso de las plantas y sus correspondientes efectos en nuestro
desarrollo de las acciones políticas de los gobiernos. Éstos deben tomar parte
y crear las condiciones necesarias y óptimas para que tenga lugar este proceso.
Quiero decir, deben facilitar y promover la
accesibilidad a las plantas como alimento y como medicamento, con equidad, es decir, para todas las
personas independientemente de sus posibilidades económicas, su sexo, su edad,
su condición o su origen.
Deben promover políticas agrarias que dinamicen
económicamente el territorio y que al mismo tiempo mantengan un uso sostenible
de los recursos vegetales y unos ingresos justos a las personas productoras.
Deben potenciar la difusión de la cultura, tradiciones locales y turismo rural. Y
todas aquellas acciones que faciliten el desarrollo humano en todas sus facetas.
Por ello, son
muy importantes iniciativas como el
proyecto conjunto del PNUD y el gobierno de
India (2008) para documentar las plantas medicinales, su recolección,
conservación y uso. Esto ha favorecido el conocimiento y consiguiente beneficio
sobre la salud, así como los ingresos de quienes se dedican a su cultivo como
medio de subsistencia.
Otro ejemplo, este
muy cercano, es la creación del Consell Alimentari Municipal de la ciudad de Valencia
(CALM) (2018), espacio en el que la sociedad civil, consumidor@s y productor@s tienen
voz, y la posterior Estrategia Alimentaria, que plasma futuras acciones en
política alimentaria.
Esta iniciativa es indispensable para que, con el telón
de fondo de la huerta que nos rodea, podamos aprovechar las plantas en nuestro
desarrollo a nivel de salud, economía y sociedad, desde una perspectiva de
Soberanía Alimentaria.
Una última cuestión a tener en cuenta: el desarrollo,
si bien tiene un resultado personal (o grupal), no es sólo un proceso
individual, sino que es el producto de toda una serie de acciones y circunstancias:
esfuerzo y decisiones personales, estado físico y anímico, apoyo del entorno
cercano, sinergias con otras personas, accesibilidad a los medios de desarrollo, políticas públicas
adecuadas, información, difusión y comunicación, empoderamiento.
Las plantas
como medios de desarrollo en los distintos ámbitos de la vida y la combinación de todos estos factores de
conversión nos llevarán a alcanzar con
mayor o menor amplitud nuestros objetivos de vida.