lunes, 1 de febrero de 2021

Derecho a una Alimentación Saludable y Sostenible

ALIMENTACIÓN: UN DERECHO BÁSICO



 

¿Qué es una alimentación sostenible? ¿Y una alimentación saludable?

 ¿Son estos términos compatibles con el modelo agroalimentario actual o estamos abocad@s, irremediablemente, a un cambio de paradigma?

 ¿A quién beneficia el modelo actual y a quién y cómo perjudica?

¿Cómo podemos abordar los cambios necesarios desde los distintos ámbitos para promover el desarrollo de todos los estratos sociales?

 

 

Muchas preguntas que requieren respuestas debatidas, consensuadas, multidisciplinares, integradoras…pero rápidas, sobre todo para los colectivos más desfavorecidos, más aún en esta situación de pandemia.

Que la alimentación es un derecho está avalado por su inclusión en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Otro asunto bien diferente es que ese derecho se cumpla y toda persona tenga acceso a una alimentación suficiente y adecuada. Y aquí entramos de lleno en los conceptos. Teniendo en cuenta que la alimentación se enmarca en un modelo que abarca…

  • Producción de alimentos
  • Almacenamiento, embalaje y transporte
  • Distribución y comercialización
  • Consumo

 

…¿qué entendemos por Alimentación Sostenible? Aquel modo de alimentarnos que implica un uso moderado, sin agotamiento de recursos (suelo), ni uso de compuestos tóxicos (plaguicidas), ni contaminación del entorno (embalajes plásticos). Permanencia de los recursos alimenticios para futuras generaciones.

La Alimentación Saludable está referida a nuestra salud, tanto por carecer de sustancias dañinas para el organismo como por una buena combinación en la dieta (remito a mis 10 propuestas de una ASS).

Pero, el Derecho a la Alimentación también incluye que sea segura, adecuada, suficiente y accesible y ahí entran dos conceptos nuevos y que hay que distinguir bien: Seguridad Alimentaria y Soberanía Alimentaria.

 Con el primero, cubrimos el aspecto sanitario (alimentos sin microorganismos y estables) y la accesibilidad, pero con el segundo abarcamos salud y sostenibilidad (no uso de plaguicidas), priorización de la producción y consumo local (poca contaminación por cortas distancias entre producción y consumo), acceso a tierra, semillas y créditos, además de los derechos de l@s agricultor@s a una remuneración justa y a que la población decida su propio modelo agroalimentario: productor@s y consumidor@s deciden sobre las políticas agrícolas, no los gobiernos, el mercado o las trasnacionales.

 

¿Y en qué situación nos encontramos actualmente?

Pienso que el aspecto de seguridad sí se ha alcanzado con los controles de supervisión de la calidad en producción y almacenamiento. Pero el acceso permanente y la cantidad dependen de la capacidad económica de las familias, muy mermada con las sucesivas crisis económicas, y ahí entramos en el ámbito de políticas públicas que disminuyan la desigualdad en el alcance de este derecho, como recuerda el Observatorio español de Derecho a la Alimentación.

Tampoco andamos bien en cuanto a la producción y comercialización sostenibles, a lo que contribuye el control de semillas por parte de las trasnacionales, que se llevan ingentes beneficios con este “secuestro” de insumos a l@s agricultor@s. Y mucho menos en cuanto a alimentos libres de contaminantes, ya que los problemas de salud debidos a plaguicidas, plásticos de embalajes, etc. son numerosos y las grandes empresas alimentarias, por sus intereses económicos, no están por investigar de forma objetiva sus productos procesados. Algunas de estas enfermedades son:

  • obesidad
  • enfermedades cardiovasculares
  • diabetes
  • distintos tipos de cáncer
  • trastornos hormonales

Todo ello nos lleva a estar lejos aún de que el Derecho a una ASS sea una realidad para todas las personas. Necesitamos un cambio de modelo agroalimentario.

 

Retomando la Soberanía Alimentaria, se ve claramente que es un concepto mucho más extenso y comprometido que la seguridad alimentaria, está ligada a la Agroecología y es, además, pieza fundamental para contribuir al Derecho a una ASS. Y aquí tenemos tres pilares que son imprescindibles para el cambio de modelo:

  • Soberanía Alimentaria y Agroecología
  • Consumo Responsable (modificación de hábitos de consumo)
  • Políticas públicas (agroalimentarias y redistributivas, políticas alimentarias ligadas a las sanitarias, difusión y apoyo a proyectos agroecológicos, etc.)

 

A pesar de las dificultades, el cambio está en marcha, ya que muchas poblaciones están conformando la Red de Ciudades por la Agroecología, entre ellas Valencia, que también firmó en 2015 el Pacto de Milán. En el marco de este Pacto, nuestra ciudad elaboró la Estrategia Agroalimentaria 2025 y puso en marcha, el Consell Alimentari Municipal (CALM) de la ciudad de Valencia, un espacio de encuentro entre la sociedad civil y el gobierno local para implementar la Estrategia. Ya últimamente, se creó una iniciativa conjunta del Ayuntamiento de Valencia y la FAO: el Centro Mundial para la Alimentación Urbana Sostenible (CEMAS).

A la vista de todas estas iniciativas, si se agilizan las políticas y se contribuye a una sensibilización social, podremos asegurar el Derecho a una ASS, contribuyendo así a algunos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y, con ello, al desarrollo humano de nuestra población.

 ¿Seremos capaces como sociedad de dar este impulso para, como apunta la Agenda 2030, no dejar a nadie atrás?


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